
Viaje en busca de los milagros de Lourdes, por Manuel de la Peña M.D. Ph.D.

El próximo 27 de septiembre, el Papa León XIV visitará el Santuario de la Virgen de Lourdes, en Francia, una localidad de 15.000 habitantes, con la finalidad de interactuar muy activamente con los 150.000 peregrinos que acudirán, entre los cuales tengo el gratísimo honor de participar activamente.
De los más de 7.000 casos de curaciones registrados en la oficina médica de Lourdes, 72 han sido reconocidos por la Iglesia como «milagros». La Iglesia francesa anunció el 16 de abril de 2025 que la Virgen de Lourdes ha concedido su milagro número 72.
La afortunada es Antonietta Raco, que padecía ELA y peregrinó en 2009 en busca de consuelo espiritual. Después de visitar el santuario experimentó una curación inmediata y total que no puede ser explicada por la medicina. El Comité Científico de médicos del Santuario estudió su caso clínico y confirmó el milagro.
Fue en 1858 cuando una campesina de 14 años llamada Bernadette Soubirous recibió las apariciones de la Virgen de Lourdes en una especie de gruta rocosa, conocida como la Gruta de las Apariciones.
Desde entonces, Lourdes ha sido escenario de 18 Apariciones de la Virgen María y esta zona se transformó en santuario y lugar de peregrinación para 5-6 millones de personas cada año, entre ellas más de 80.000 enfermos y discapacitados. Además, se cree que el agua del manantial de la zona posee poderes curativos.
La visita del Papa León XIV tiene como finalidad ayudar a los enfermos verdaderamente necesitados. El Santo Padre, que ha sido misionero, posee un espíritu solidario y una gran facilidad para transmitir fe, esperanza y alegría.
En la audiencia privada que mantuve con él en Madrid el pasado 9 de junio de 2026, pude observar que el Papa León XIV tiene un don celestial y una enorme empatía, además de una gran agilidad física y mental.
Desde mayo de 2010 investigo a personas centenarias y supercentenarias, es decir, aquellas que alcanzan los 100 y 110 años. Después de estudiar más de 350 casos, observé que todos ellos viven profundamente vinculados a la fe.
Esto motivó mi visita al Vaticano el 10 de octubre de 2025, donde me recibió el cardenal Angelo Acerbi, de 101 años, quien tuvo la generosidad de bendecir 60 rosarios para que pudiera ir regalándoselos a los superlongevos durante mis entrevistas clínicas. Han sido quince largos años en los que mi fe ha crecido exponencialmente a través de historias reales y llenas de ternura.
Hay evidencias científicas de que «la oración es el único poder en el mundo capaz de vencer las Leyes de la Naturaleza». A los resultados obtenidos mediante la oración los denominamos «milagros». Es apasionante comprobar cómo médicos que han pasado del agnosticismo a una fe inmensa lo han hecho gracias al estudio de casos clínicos de pacientes que se han curado con ayuda de la oración. En este momento, como punto de inflexión, recuerdo a mi querido amigo Francis Collins, uno de los padres del Genoma Humano, quien siempre afirmaba que «los milagros son una posibilidad real».
De hecho, lugares sagrados como Lourdes han sido testigos de estas curaciones consideradas milagrosas. Por este motivo, se creó el Comité Médico Científico Internacional, integrado por médicos eminentes cuya única misión es realizar una evaluación médica y confirmar o descartar si realmente se ha producido una curación.
Uno de los hechos que más me ha impresionado ha sido contemplar con mis propios ojos infinidad de muletas abandonadas a la salida de Lourdes, una imagen que permanece en mi memoria desde mi primera visita.
Os confieso que llevo treinta años dialogando con Dios y que, a diario, le pregunto por qué me ha situado en circunstancias tan adversas, en auténticos acantilados emocionales. Hasta que un día descubrí «la penitencia» y los secretos de Su grandeza. En ese instante, sientes cómo cambia tu vida y comienzas a viajar a la velocidad del sonido, dando verdadero valor a la vida espiritual.
Es maravilloso comprobar que, cuando las cosas no suceden como uno desea, Dios te conduce hacia tu verdadero camino, de manera que todo aquello que es insustancial acaba resultando prescindible. Así llegas a descubrir tus egoísmos, tu vanidad y tus desatinos. En este sentido, recuerdo las palabras de Santa Teresa de Calcuta: «da siempre lo mejor de ti y lo mejor vendrá».
Cuando vas como peregrino al Santuario de Lourdes, lo ideal es adoptar la siguiente fórmula ante la Virgen María, madre de Dios: «TOTUS TUUS EGO SUM, ET OMNIA MEA TUA SUNT. ACCIPIO TE IN MEA OMNIA. MIHI COR TUUM PRAEBE, MARIA» («yo soy todo para ti y todo lo que tengo es tuyo. Toma mi todo. ¡Oh, María, dame tu corazón!»).
En ese momento experimentas una armoniosa espiritualidad que confiere a nuestra frágil constitución humana una naturaleza invencible. Con las plegarias se vive lo que Alexis Carrel definía como «una emanación invisible del espíritu del hombre, que es la forma más poderosa que el hombre pueda generar». Durante la visita triunfal del Papa León a Madrid observé a muchas personas profundamente invadidas por la fe y pude comprobar que en ellas brilla una luz especial, porque un constante y silencioso milagro opera, a cada instante, en los corazones de esos hombres y mujeres. Han descubierto que la oración les proporciona una corriente continua de poder que los sostiene en su vida cotidiana. Como decía Dostoievski: «el secreto de la existencia humana no consiste solo en vivir sino en saber para qué se vive».
Son muy pocas las personas que poseen la sensibilidad necesaria para comprender que la verdadera devoción a la Virgen María, madre de Dios, es precisamente cristocéntrica. Además, está profundamente arraigada en el misterio trinitario de Dios y en los misterios de la Encarnación y la Redención. Así queda reflejado en la gran obra La devoción verdadera a María, de San Luis Grignion de Montfort.
Precisamente, el Santuario de Lourdes en Francia y el Oratorio de Lourdes en Madrid constituyen un verdadero paradigma de las evidencias de sus milagros. Son testimonios del papel que Lourdes desempeña en la vida de tantas personas, plasmados en placas de mármol con frases de agradecimiento a la Virgen por parte de numerosas familias que se han curado y han recibido su amparo.
Recordemos que San Agustín no fue cristiano durante toda su vida. Se convirtió después de haber conocido diferentes religiones y corrientes filosóficas, antes de abrazar el cristianismo, donde encontró la paz. De hecho, señaló que, en cuestiones religiosas, la razón alcanza determinados límites, porque «el cristianismo es un misterio divino al que solo podemos acercarnos a través de la fe». San Agustín defendía que el ser humano es un ser espiritual: posee un cuerpo material, que pertenece al mundo físico donde la polilla y el óxido corroen, pero también un alma capaz de reconocer a Dios.
Si tomamos a San Agustín como paradigma de los conversos y conocemos el camino seguido por Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina y converso reconocido por sus experiencias relacionadas con los milagros de Lourdes, podemos comprender mejor lo que significa tener fe.
Estos hitos históricos constituyen un buen referente para adquirir el conocimiento necesario y poner de relieve el valor de la fe católica ante tantas personas que desean convertirse y enriquecer su espíritu.
Como católicos, apostólicos y romanos, es maravilloso poder hablar y comunicarse directamente con Dios mediante la oración, así como recibir revelaciones personales, sabiduría e inteligencia adicional para comprender los misterios divinos. De hecho, en el siglo XXI se está produciendo un cambio de paradigma.
Se trata de la aparición de personas que entregan su alma a la Virgen María para ayudar a los demás. Es una forma de crecimiento personal exponencial. Y la fe, en definitiva, constituye uno de los mayores recursos para crecer como personas. Con esta sólida base espiritual, iniciamos el camino hacia el Padre. Ponemos nuestros valores al servicio de los más necesitados, sin olvidar las palabras de Kant: «el cielo le ha dado tres cosas al hombre como contrapeso a tantas penas: la esperanza, el sueño y la risa».
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